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mércores, 19 de decembro de 2018

Miércoles reflexivos III

La Navidad es inminente, la huelo y está ahí, antes de mi próximo miércoles reflexivo. Me pregunto ¿cuántos perros se regalarán por Papá Noel en toda la península ibérica? De esos perros regalados ¿cuántos pasarán sus segundas Navidades en casa? No sé, será que soy una escéptica y tal vez demasiado práctica pero quizás deberíamos prohibir la venta de animales en estas fechas para evitar caprichos consumistas, ya habíamos dejado claro que las mascotas no son objetos sino seres vivos. Tengo que confesar que si por mí fuera, prohibiría la venta de animales en tiendas y perseguiría a la gente que se dedica a venderlos de forma clandestina en la red... Pero, vivimos en una democracia y si queremos cambiar las cosas hemos de seguir los cauces establecidos... Ojalá un día se castigue con contundencia el maltrato animal y se prohiba comerciar con mascotas.
Tenemos una nueva acogida en casa, se trata de una galguita preciosa y muy buena a la que llamamos Princesa Lena. No daré muchos datos pero diré que ha sufrido un caso como Torito, una familia caprichosa la ha devuelto después de 24h de adopción. Mejor no opino lo que pienso porque igual me tachan de radical y extremista, pero a este tipo de gente habría que enseñarles una buena lección para evitar que sigan haciendo tonterías.

Los miércoles reflexivos se han convertido en un clásico de este blog, me gusta decir abiertamente lo que pienso. Hoy os voy a contar que hace un par de días coicidimos en la palaya con varios galguitos de los que ya he hablado aquí (Koi, Poncho, Galia, Phoenix y la Princesa Lena) y también otras tres galguitas que no os he presentado todavía: Leda (amiga íntima de Lucky y Koi), Fibi y Frida. Jugaron como nunca, hasta Koi (la marmota) se animó a corretear por el lugar... Los que más corrieron fueron con diferencia Poncho y la princesa Lena y después durmieron a pierna suelta. Es maravilloso verlos tan felices después de sus muchas penurias.


domingo, 16 de decembro de 2018

Ai-Torito

Querido Torito,

nos llegan noticias desde Barcelona acerca de ti, por fin has encontrado una familia que te quiera. Espero que los dos intentos fallidos anteriores no te hayan hecho dudar ni un sólo momento que eres un perro excelente. Te queremos mucho y sentimos que no hayamos sido nosotras las que te diéramos esa oportunidad de darte un hogar definitivo, pero formamos parte de tu trampolín hacia la felicidad y eso nos hace sentirnos bien. Nos sentimos afortunadas de haberte conocido y de haber dejado que formes parte de nuestras vidas para siempre pues nos has marcado a fuego. Despedirnos de ti fue duro la primera vez, cuando viajaste a Logroño y la segunda no lo podrás imaginar nunca, se nos partió el corazón en pedacitos... Pero, ¿sabes?, fue la decisión más sabia.

Adoptar un perro es una gran responsabilidad y si lo que supone eso se convierte en un apuro es muy probable que llegues a arrepentirte. Con los seres vivos no hay lugar a equivocaciones, no deberían existir las adopciones fallidas... las familias que optan por incluír en sus vidas un perro (dos o tres, o los que san) tienen que pensárselo muy bien antes. Nosotras, por desgracia, no tenemos medios para tener de forma permanente tres perros en casa... y ojalá no fuese así porque hoy estarías a nuestro lado físicamente (emocionalmente lo estarás siempre). Sé que nos entiendes y que no nos guardas rencor por llevarte a Barcelona y despedirte allí con lágrimas en los ojos... los perros no guardan rencor. Allí te dejamos en manos de la familia Galgos 112 y nos volvimos a Galicia dudando si habíamos hecho bien. Hoy sé que sí.

Gracias por todos los momentos que nos regalaste con tu cara bonita, tu cariño y tu alegría. Se te da ta bien camelarte al personal con la técnica "gusanito" (ponerte panza arriba mientras avanzas por el sofá o la cama buscando el contacto humano). Gracias de verdad por habernos elegido como casa de acogida, cada vez tengo más claro que los perros nos escogen a nosotr@s y de ahí esas conexiones tan maravillosas que se establecen.

Hasta hace pocos días tenía miedo de que llegase la Navidad y no tuvieras una familia definitiva, pensé en escribir una carta a Santa Claus pidiéndote de nuevo para formar parte de nuestra familia, en la postdata hubiese puesto "si existe una familia que necesite un payasete bicolor, házselo llegar". Y así fue, había una familia que quería que formases parte de su vida y nosotras no queremos ser egoístas, tenemos suficiente amor perruno con Koi y Lucky... y esta situación nos pertime poder seguir ejerciendo de casa de acogida en caso de necesidad.

Dicen que a la tercera va la vencida y este es tu tercer intento. Espero no tener que volver a escribirte lamentando una imprudencia humana. De verdad, esta es la "refinitiva".

Mil veces gracias Torito (Aitor, nombre oficial) por formar parte de nosotras.

PD: Y por supuesto GRACIAS a Galgos 112 por darnos la oportunidad de incorporar a nuestro amor el de este carita de lápiz que por momentos semeja "Batman" (cuando lo miramos pensamos que si hablase diría "soy Batman" con ese antifaz tan chulo que tiene en la cara y ese tono de voz tan característico de las pelis de Nolan)

mércores, 12 de decembro de 2018

Miércoles Reflexivos III

Se acerca la Navidad, el ambiente empieza a estar sobrecargado de ese espíritu consumista. Las luces adornan las calles, en algunos lugares (como en Vigo) llegan incluso a deslumbrar al personal, la gente se lanza como loca a comprar a las tiendas como si los productos fueran gratis. A mí no me gustan demasiado estas fechas pues te acuerdas más que nunca de los que no están y en mi caso falta el principal impulsor de la decoración hogareña, mi padre. Pero no quiero entrar en detalles y aunque no me guste la Navidad, no soy un Grinch... Os deseo que disfrutéis como más os apetezca, en soledad o en compañía, con decoración o sin ella, con luces o sin ellas, con regalos o sin ellos... Cada cual que adorne y amenice estas fechas como más le venga en gana, todo es respetable si no atenta contra nadie.

Hay mucha gente que no le basta con comprar objetos como parte de los regalos que se intercambian en estas fechas, hay quien sin pensarlo mucho decide regalar una mascota. Aquí es donde entro yo a opinar y cada cual que haga su reflexión en casa:

Las mascotas no son objetos, por eso no deberían regalarse alegremente.
Las mascotas son seres vivos con necesidades de todo tipo: comen, beben, socializan, juegan, saltan, arañan, muerden, ladran, maullan, chirrían (todo depende del animal en el que estemos pensando)...

Pensemos ahora en un perro o un gato, las mascotas más comunes a mi parecer. Compramos, o en el mejor de los casos adoptamos, a un cachorro monísmo... bien sea porque Fulanito tiene uno parecido y nos hemos puestos envidios@s de lo "chulífero" que resulta o porque nos encaprichamos de uno que vimos en el escaparate de una tienda de animales.

Nos encontramos entonces la mañana de Reyes con un montón de regalos y un perrito cachorro con un lazo al cuello delante del árbol. Nuestros pequeños de casa fliparán en colores y le podrán un nombre chulo, serán sus mejores amigos por una temporada. Hasta aquí todo genial, una familia feliz con un perrete feliz y mono adornado con su lazo rojo.

Pasan los días, se cagará y meará por casa mientras no aprenda la rutina de salidas. En el mejor de los casos con cuatro o cinco meses controlará sus esfínteres y la casa permanecerá libre de defecaciones y micciones caninas... Crecerá con el paso de los meses y empezará a jugar con todo, a morder zapatos, zapatillas, ropa, explotarán los hermosos cojines del sofá... El perrito dejará ya de ser tan adorable y empezará a mosquearte un poco. Gastos de vacunas, chip, consultas veterinarias, comida... Deberás dedicarle tiempo y según qué tipo de raza sea necesitará más o menos actividad, pero desde luego un cachorro de cualquier raza necesita movimiento, eso tenlo claro... Los más peques de la casa verán como su amigo de cuatro patas se vuelve más movido, le arañará jugando, puede que le muerda con esos dientecillos de aguja que tienen los cachorretes hasta que los cambian hasta que aprenda a ser más delicado... En general los perretes son bastante listos y aprenden a adaptarse según con quién toque jugar, pero hay alguno que tarda más... te enfadarás con él porque hará llorar alguna vez al peque de la casa y el perrete te mirará sin saber qué ha pasado con la cabezita de lado. Pero puede ser peor, te romperá el móvil en algún descuido porque adorará morder cosas... robará la merienda al enano e intentará comerse su comida en algún descuido, el pienso a veces les resulta aburrido. El perrete necesitará socializar con otros congéneres caninos y querrá correr y jugar con ellos, tendrás que buscar un parque donde soltar al perro y enseñarle que aquel perro grande con pinta de malote no hace nada y evitar así que tenga miedos absurdos a otros canes de mayor tamaño... también tendrás que corregirlo si se pasa de vueltas con el pequeño del parque y evitar que entre en conflicto con más perretes si quieres crear un buen ambiente en el lugar de esparcimiento. Ah, se me había olvidado que DEBES RECOGER SU MIERDA, cuando sales a la calle y tendrás que aguantar que la gente te increpe porque no le gustan los perros. Tal vez alguien te llame la atención según el perro esté cagando por si se te olvida recoger el pastel y aunque acostumbres a hacerlo llevarás algún toque de atención antes de que la caquita toque el suelo. Otros niños se acercarán a tocar al perrete mientras es ese monísimo cachorro de anuncio, tal vez cuando sea grande le tendrá miedo sólo por su tamaño...

Te pasarán mil historias más que en muchos casos no será buenas, no voy a contarte la parte buena de todo esto porque si al leer esto ya te estás cansando, NO ADOPTES y por supuesto NO COMPRES una mascota. LAS MASCOTAS SON SERES VIVOS, NO OBJETOS y como tal tienen unas NECESIDADES que si no estás dispuest@ a asumir es mejor, por el bien de todos, que no te hagas con una.

Si pese a todo esto que te cuento sigues pensando que te gustaría tener un perro o un gato. ¡ADOPTA, NO COMPRES! Con un pequeño gesto puedes cambiarás dos vidas, la del ser que adoptas y la del hueco que deja este para que otro de la calle adopte su lugar. SEAMOS DUEÑ@S RESPONSABLES.


domingo, 2 de decembro de 2018

Amigos Comprados. Capítulo II

Me gustaba mucho ir en el coche con mi familia y en aquella primeras vacaciones de Semana Santa nos fuimos de vacaciones a casa de la abuela, allí no podía dormir en la cama con Bruno y me dejaban en una caseta donde estaban las herramientas del jardín (que poco me gustaba aquel lugar). Las noches en casa de la abuela no gustaban, me pasaba gran parte del tiempo llorando y gimoteando para ver si alguien venía a rescatarme y llevarme a su cama pero como estaba alejada de la casa y alrededor no había muchos vecinos (era una casa de campo en el medio de no se sabe) podía aullar que nadie vendría a sacarme de allí. Por suerte los días eran más agradables, todo el día en el exterior, en el campo, en el monte... me lo pasaba pipa correteando con mi amigo Bruno o detrás de una mariposa, cualquier excusa era buena para ejercitarse. Pronto comprendí que si por el día corría mucho y me cansaba por la noche me quedaría dormido como un tronco y la estancia en la caseta de las herramientas parecería más corta.

Fue pasando el tiempo y yo crecí, aprendí todas las reglas de casa y ya no hacía "mis cositas" en casa, causé algún desperfecto en casa (algún cojín explotado, algún que otro zapato roído, peluches...) pero Bruno se reía con mis trastadas, a sus padres no le hacía mucha gracia y yo ponía mi carita de "ha sido un accidente" (sentado, cabeza gacha, mirada perdida y gimoteo de perdón). Salía dos veces al día a dar un paseo por el barrio pero me encataba ir al parque donde veía a los otros amigos de Bruno, todos querían darme mimos y se turnaban para lanzarme la pelota... Era maravilloso y cada vez que íbamos allí llegaba a casa agotado...

Pasaron los meses y el verano llegó, a Bruno lo mandaron a un campamento y yo me quedé en casa con sus padres. Ellos eran unos adultos bastante ocupados y me sacaban una vez al día a pasear, el resto del tiempo me lo pasé en el jardín donde jugaba yo sólo con las pelotas de tenis que me habían dejado  a veces alguna mariposa deambulaba por allí y yo la perseguía. Era lo que se dice un perro feliz aunque echara de menos a mi mejor amigo, sólo fueron tres semanas pero a mí me pareció una eternidad. Esos días entre mariposas y pelotas traté de hacer algún agujero en el jardín, la bronca que me calló no os la podéis imaginar, pero la técnica de la carita de "ha sido un accidente" cada vez surtía menos efecto en el padre de Bruno. Un día me dio en el culo con un periódico, el dolor no fue demasiado pero el ruido del golpe me asustó mucho... me fui a al porche de la casa y me quedé pensando en el agujero que había hecho... ¡echaba tanto de menos a Bruno! Cuando él no estaba no me llevaban al parque a correr con los amigos y no jugaban conmigo a la pelota, aunque trataba de entretenerme, por momemtos me aburría.

Burno llegó del campamento con un brazo en cabestrillo, se ve que una mala caída le había fracturado un hueso y el médico le había puesto aquel tinglado para llevar el brazo pegado al cuerpo. Corrí hacia mi amigo con alegría y él corrió hacia mí, me abrazó y me sentí feliz otra vez. Nos dirigimos al interior de la casa y para mi sorpresa los padres de Bruno no me dejaron entrar:

- A partir de ahora Pupi dormirá en el jardín, se ha estado portando mal en casa y destrozando varios de mis zapatos de piel - dijo el padre a Bruno:
- ¡Nooo! - exclamó mi amigo - No puedes hacerle eso, Pupi es mi amigo y compañero - se giró hacia la madre y le dijo - ¿Puede seguir durmiendo en casa mi perrito?
- Bueno, dejémosle hoy y a ver cómo se porta - dijo buscando un gesto de aprobación en su marido que no puso muy buena cara.

Por fin dentro otra vez, deambulé por la casa siguiendo a mi amigo Bruno. Él se sentó en el sofá y miró extrañado un paquete con papel de regalo que estaba sobre la mesa.

- Mamá, ¿y esto? - preguntó señalando aquel regalo - ¿De quién es?
- Es tuyo, por tu caída y por lo bien que te has portado en el campamento - y le guiñó un ojo en gesto de complicidad.

Bruno se bajó del sofá y yo me acerqué a olisquear aquello, no me daba buena espina pero mi amigo estaba emocionado. Como buenamente pudo y con una mano abrió aquel paquete:

- ¡Una tablet! Justo lo que quería - gritó emocionado, empezó a corretear al rededor de la mesa y a saltar en el sofá - Una tablet, una tablet.... - Me lo enseñó como si yo comprendiera lo que era aquello y lo miré ladeando la cabeza. - ¿Podemos abrila? ¿Podemos abrirla? - la emoción era enorme y yo me contagié, cogí el lazo del regalo y empecé  dar vueltas a la mesa mientras Bruno saltaba en el sofá.

- ¡Ya vale! - gritó el padre - Puedes abrirla pero relájate, mira como se ha puesto el perro de alterado - se giró hacia mí y me gritó más fuerte - ¡Quieto ya! ¡A tu sitio! - y con la cabeza gacha sin dudar un momento me fui a tumbar a mi cama.

Me quedé mirando como padre e hijo desempaquetaban la dichosa tablet. Bruno estaba emocionado, y en cuanto tuvieron lista la tablet se sentó en el sofá y se puso a jugar. Después de un rato sin seprar la vista de aquel objeto tecnológico me acerque a Bruno despacio, su padre había ido al despacho a seguir con sus informes y la madre estaba leyendo. Puse mi cabeza en el regazo de Bruno que seguía concentrado en la pantalla, para mi sorpresa me apartó con la pierna. Volví a intentar llamar su atención, fui a por mi hueso de goma y se lo puse en el sofá, él ni lo miró. La maldita tablet había absorvido toda la atención de mi amigo así que me fui con el hueso a otra parte, se lo llevé a mi lectora favorita y se lo dejé a los pies, me senté delante y gemí suavemente para que apartara su vista del libro, me miró y sonrió. Se sumergió de nuevo en la lectura y yo le acerqué más el hueso hacia sus pies y volví a gemir, Lidia (que así se llamaba la madre de Bruno) apartó el libro, marcó la hoja en la que estaba y levantó, abrió la puerta y lanzó el hueso al jardín. Salí corriendo tras el y para mi sorpresa a la vuelta me topé con la puerta de casa cerrada, traté de arrañarla y gimotear para pedir que me abrieran pero no tuve éxito. Me quedé en la cama del porche de la casa mirando al infinito con mi hueso de goma entre las patas.

Anocheció y nadie pareció percatarse de que yo estaba fuera de casa, traté de llamar la atención de los humanos rascando la puerta y gimoteando pero nadie abrió. Resignado di unas vueltas por el jardín, miré al lugar donde días antes había hecho un agujero enorme que ahora estaba tapado con tierra, ladré un rato y corrí haciendo círculos para entretenerme. Empezaba a tener hambre y recordé que había escondido un hueso en la esquina de la puerta trasera del jardín, fui hasta allí y para mi sorpresa alguien se había olvidado de cerrar. Me aventuré a salir de casa de mis dueños, merodeé por el barrio pero no me encontré con ningún humano (debe ser que le tienen miedo a la oscuridad y no salen al ponerse el sol). En mi paseo por el barrio me despisté y perdí la noción del tiempo y de la ubicación, sin querer aparecí en el parque donde Bruno y sus amigos jugaban siempre conmigo pero al ser de noche no hay ni un alma. Continué paseando sin mirar atrás, temeroso de las cosas que me deparaba esta villa...

xoves, 29 de novembro de 2018

Amigos comprados. Capítulo I

Recuerdo aquellas navidades en las que me llevaron a casa, yo era a penas un bebé, sin saber cómo ni porqué me había separado de mi madre y me habían metido en una especie de pecera con vistas a la calle, por suerte cuatro de mis hermanos estaban conmigo. Un hombre de unos 40 años entró en la tienda y dio un par de vueltas mirando a todos los animales que estábamos allí, gatos, periquitos, canarios, conejos, peces, hámsters... llegó a la altura de mi pecera y nos miró a los cinco, nos acarició mientras movíamos la colita con la esperanza de que nos sacaran de allí. El primero en ser elegido fue mi hermanito pequeño Pipo, aquel humano lo levantó en brazos (como Rafiky a Simba en El Rey León) y de la emoción no pudo contener su orina, se meó. 

Con un gesto de asco bajó a Pipo y lo soltó de mala manera en la pecera, luego nos miró otra vez. Yo estaba sentado mirando aquella escena e intentando no reirme porque Pipo le había manchado un poco la gabardina a aquel desconocido, moví la cola y gemí. El hombre me sonrió y me cogió en brazos y fue hacia el mostrador:

- Me llevaré este, parece el más civilizado de todos - el dependiente lo miró estrañado y respondió:
- Perfecto, un golden blanco... ¡buena elección!

Me pusieron un collar rojo con unha capa de metal todavía sin grabar, eligieron algunos juguetes y me llevaron de la tienda. Según salíamos miré a la pecera donde quedaban mis hermanos gimoteando, aquella fue la última vez que los vi a todos juntos. Me llevaron a casa en coche, antes de entrar me pusieron un lazo enorme a juego con el collar en el cuello. Me engancharon una correa para que caminase hasta el interior de la vivienda donde vi por primera vez a mi mejor amigo, un niño de unos seis años llamado Bruno.

Entré en aquella enorme casa (para entonces así me lo parecía) medio deslumbrado por las luces de colores que colgaban del árbol, y los adornos... madre mía los adornos, pelotas para jugar, lanzos de los que tirar... sólo pensarlo se me hace la boca agua... Pero, no adelantemos acontecimientos, os estaba contando cómo conocía a mi mejor amigo.

El suelo de aquel sitio era maravilloso, madera calentita (y no la fría baldosa de la tienda) para mis delicadas almohadillas... me pusieron en el suelo del pasillo, al fondo el árbo y en el suelo jugando con un cochecito mi amigo Bruno. Su padre lo llamó pues no se había percatado de nuestra llegada:

- ¡Bruno, Bruno! Mira lo que traje, es tu regalo de cumpleaños - se giró un momento y en cuanto me vió soltó el cochecito con el que estaba jugando, se levantó y corrió hacia mi, yo me quedé parado a medio camino, aún no sabía de qué palo iba este niño.
- No seas tímido, dijo - no sé si por mí o por el pequeño humano - hay que ponerle un nombre...

Al llegar a un metro de mí, Bruno se detuvo a analizarme, se ve que no quería asustarme pero en su rostro vi la alegría y las ganas que tenía de achucharme. Yo me senté moviendo la cola, esperando a que mi nuevo amigo se decidiera a darme unos mimos ladré un poquito de la alegría (porque yo también estaba muy contento de conocerlo) y tímidamente el niño se acercó y suavemente me acarició la cabeza, se agachó y se sentó delante de mi. Yo salté sobre él de la emoción y el abrazo que me dio no lo olvidaré jamás, habíamos conectado. Nos quedamos un buen rato en el pasillo, las caricias y los rasquidos que aquel niño me brindaba eran como estar en el cielo.

- ¡Pupi! - dijo Bruno dirigiéndose a su padre - le llamaremos Pupi.

Se dirigió a mí y me invitó a que lo siguiese, quería enseñarme la casa como buen anfitrión. Yo sólo quería jugar así que perseguía sus pies e intentaba morder sus zapatillas con forma de elefante, me parecían tan simpaticas y tentadoras... Cuando estábamos en el salón me entraron ganas de hacer pis, fui a la alfombra más cercana y me agaché... ¡no podía aguantar más!

- ¡No! Perro malo - me gritó una mujer que acababa de entrar al salón - Eso no se hace ahí - miró a Bruno y dirigiéndose a él:
- ¿Te gusta? Ha sido idea de tu padre...
- ¡Me encanta! Es mi nuevo mejor amigo, se llama Pupi mamá - le contestó.
- Pues ahora debemos educarlo y enseñarle a hacer esas cosas fuera. Llévalo al jardín por si tiene más regalitos escondidos - le sugirió.
- Vale, avísame para merendar

Bruno me llevó al pequeño jardín de la casa, donde se econtraba también el garaje. Allí intentó jugar conmigo con una pelota de fútbol, yo quería morderla pero era demasiado grande. Al rato me trajo una pelota de tenis y me la enseñó, desde aquel momento me hice fan de los juegos con pelotas pequeñas. Bruno me lanzó la pelota cerca, yo intentaba perseguirla, pero me cansaba enseguida y me entraba el sueño. Entre juegos y pequeñas sientas fue transcurriendo mi primera tarde con Bruno... Su madre le llamó para merendar y volvimos al interior de la casa donde me dediqué a explorar mientras mi nuevo amigo se comía un suculento bocadillo de choped. Con la emoción de los juegos me había olvidado de hacer caca en jardín y un apretón muy grande mi invadió el cuerpo, corrí como pude hasta la puerta de entrada y allí "planté mi primer pino" (menuda expresión utilizan los humanos). Esta vez el padre de Bruno me pilló en el asunto:
- ¡No! - gritó con su voz grave - ¡Eso no se hace! - me avergoncé enseguida y me quedé sentado con la cabeza gacha.
- Empezamos bien -dijo la madre desde el otro lado del pasillo- no lleva ni cuatro horas aquí y ya se lo ha hecho en casa dos veces.
- Es un bebé y todavía no sabe dónde tiene que hacer sus necesidades, aprenderá. Esta raza de perro es muy inteligente y buena, ya lo verás - se acercó cariñosamente a ella y la besó. Fue a la cocina a por una bolsa y algo para limpiar mi "regalito".

Volví al salón donde estaba Bruno, no sin antes inspeccionar el árbol de navidad, me parecía muy atractivo toda aquella parafernalia colgada, sobre todo las bolas tal relucientes. Como mi amigo no había terminado de merendar volví al árbol y cogí una de las bolas que estaban a mi altura, no me costó demasiado. La intentaba morder y se me escapaba, no era como la de tenis, era dura y tenía un efecto espejo muy simpático (cada vez que me acercaba para intentar morderla veía mi nariz aumentada y eso me causaba risa). Bruno me vio perseguir aquella bola y empezó a reirse, traté de acercársela para seguir jugando. El padre de Bruno me pilló y me sacó el juguete:
- Con eso no se juega - dijo y me ofreció a cambio un hueso de goma que pitaba al morderlo (un buen cambio). Después se dirigió a su hijo - Bruno, no dejes que el perro juegue con los adornos del árbol, los puede romper y lo que es peor, pueden sentarle mal si se astilla cualquiera de las bolas y se traga un trozo. ¿Vale?
- Entendido - respondió Bruno con la boca llena, se había metido del tirón el último trozo de bocadillo que le quedaba.

Jugamos toda la tarde en el saló y de vez en cuando me sacaban al jardín con el fin de que consiguiera hacer mis necesidades allí. No sería aquel día cuando aprendí que el pis y la caca se hace de la puerta para fuera, pero empezaron a repetirme patrones de comportamiento. Si hacía un pis en casa me decían "no" y me sacaban. Con toda la emoción de aquella tarde ni siquiera había tendio tiempo de pensar en mis hermanos, pero llegó la noche y los humanos se fueron a dormir. Yo me quedé en lo quera mi nueva cama en la cocina y me entraron ganas de llorar.

Lloraba porque ahora estaba sólo, porque pensaba en mis hermanos que se habían quedado en la tienda, porque echaba de menos a mi madre y porque ahora Bruno no estaba conmigo. Habían apagado todas las luces y cerrado algunas puertas de la casa, yo tenía miedo... deambulé a oscuras por el lugar y  lloré cada vez más alto, en la cocina el suelo estaba frío era de baldosa como el de la tienda aquella de la que venía... Si me tumbaba en el suelo me daba frío en la barriga así que me fui a mi camita donde seguí llorando. Escuché un ruido, una puerta parece haberse abierto y una luz se encendió (pude verlo por la ranura de la puerta), unos pasos se acercaban y alguien abrió:
- ¡Shhhh! Calla - dijo la voz de mi amigo Bruno entre susurros - ¡Ven conmigo!
Perseguí sus pies hasta su habitación, me ayudó a subirme a su cama y se metió en ella. Yo me quedé encima del edredón al lado de su cara, con mi cabeza en aquela almohada tan cómoda, gemí un poco en señal de agradecimiento y él me abrazó. Nos quedamos dormidos enseguida. Ahora sí que estaba a gusto, el miedo se había ido y las ganas de llorar también. Seguía pensando en mis hermanos y en lo que echaba de menos a mi madre pero por lo menos tenía un amigo y eso me consolaba.

Aquella fue la primera noche que dormí con Bruno, después se convertiría en algo habitual. Pasaron los días y la familia vino a cenar en navidad, los primos de Bruno jugaron mucho conmigo y parece ser que a algún adulto no le gusté demasiado. Yo intentaba poner siempre mi mejor cara y ser entrañable, a veces me sentaba y ponía mi cabeza de lado mirando a los humanos que nos visitaban (eso causaba sensación en la mayoría de la gente)... Pasaron aquellas fechas navideñas, después llegó el caranaval (vaya sustos con algunos disfraces), y Semana Santa. Yo crecía a pasos agigantados...

mércores, 19 de setembro de 2018

Locuras kilométricas

No sé como empezar a contaros esta historia de manera que pueda transmitiros lo que sentimos al realizar la hazaña que os voy a narrar. Quiero ser breve y a la vez pretendo que sintais, en parte, lo que los galgos nos hacen sentir. Supongo que si estáis leyendo esto será porque, de una forma u otra, también os gustan estos ángeles con cara de lápiz. Os voy a poner en antecedentes para que veáis la evolución de este amor, de esta enfermedad que yo llamo Galguitis Aguda...

Hace algo más de dos años decidimos adoptar un galgo. A mí no me gustaban demasiado estos perros, pero he de decir que desconocía por completo su triste realidad en este país y lo maravillosos que pueden llegar a ser. Poco a poco y de la mano de la que a día de hoy es mi esposa conocí a esta raza y su cruel situación en España. Pronto nos decidimos a adoptar un galgo, teníamos un cachorro mestizo que no nos dejaba dormir por las noches y quisimos traerle un hermano mayor. Pasamos una entrevista de la mano de Rechi, nos asustó con todo lo malo que nos podía pasar al adoptar a un galgo... Nos lo pensamos un poco después de aquella entrevista y optamos por aceptar un galgo con "necesidades especiales".

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Koi llevaba un año en casa de acogida en Alicante, bueno como el pan, tranquilo y compatible con todas las formas de vida no encontraba quien aceptase su condición especial... era epiléptico. El primer candidato que nos encajaba era este majestuoso ser y no lo dudamos mucho. Nos dimos nuestro primer SÍ QUIERO, esta vez para Koi. Toda la delegación de Alicante y su familia de acogida se alegró, pero aún lo hizo más cuando supo que su familia adoptiva iría en coche a buscar a este encanto canosín.

Koi es negro con canas, el George Clooney de los galgos, y en 2016 no podía más que viajar en transporte solidario, no se podían arriesgar a que brotase su epilepsia durante un viaje con una empresa de transportes.

Aquí llega NUESTRA PRIMERA LOCURA, pedimos el coche a mi suegro nos presentamos en Alicante. VIGO - ALICANTE: Mil kilómetros, 10h de viaje al volante (sin contar las paradas de descanso) y allí nos plantamos. Desde entonces nuestro amor por los galgos no ha ido más que en aumento. Sin entrar en mucho más detalle, tengo que deciros que a día de hoy Koi no es epiléptico y vive muy feliz con su hermano pequeño Lucky. Nostras hemos ido colaborando siempre que podemos con la delegación de Galicia de Galgos 112 de la mando de su excelente delgada, Rechi (a la que agradecemos el habernos enseñado este mundillo).

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PENNY
Nuestra SEGUNDA LOCURA ha sido acoger a una cachorro atigrada de galgo que aparece en Galicia el años pasado, la bautizamos como Penny. Como buena cachorra sus locuras nos han hecho reír y por momentos casi nos desquician pero enseguida encontró un hogar en Portugal. Un mes después de su llegada su familia adoptiva la vino a recoger y a día de hoy vive feliz entre Coímbra y el Algarve con un abuelete galgo llamado Kabul. Este verano los visitamos y pensamos en que no podía haber encontrado un lugar más adecuado para ella, casi se me saltan las lágrimas cuando vino a saludarme la loca de rayas.

TERCERA LOCURA, unos vecinos de nuestro edificio enamorados de Koi deciden adoptar a un galgos a través de la misma asociación. Craso error. En unha semana deciden que el galgo no encaja por una nimiedad que no viene al caso. Aitor, un galgo blanco y negro de unos tres años, llega al vecindario desde Cataluña. El perro es un "happy" de la vida, con su antifaz negro y su cola en alto nos enamora y optamos por ser, por segunda vez, casa de acogida.

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AITOR, TORITO

Aitor, Aitorito... acaba con el nombre cariñoso de Torito porque a su nombre vasco no responde. Con su técnica del gusanito termina de enamorarnos tras varias semanas en casa. Encaja con Koi y Lucky a la perfección, el punto intermedio entre la serenidad de Koi y la tontería adolescente de Lucky... un cariñoso galgo que cada mañana nos despertaba con abrazos y besos... un perro 10, pese a lo que digan. Le sale una adopción en La Rioja y nos despedimos de él con lágrimas en los ojos y el corazón en puño... Resulta tan duro quererlos tanto y después decirles adiós... No entraré en detalles que no vienen al caso pero su nueva casa decide devolverlo en tan solo 24h...

En ese momento estábamos programando un viaje relámpago a Madrid para recoger a dos galgos que se venían a Galicia desde Valencia y Barcelona respectivamente. No dudamos en cambiar el punto de encuentro, Madrid por Logroño y así rescatábamos también a Torito.

CUARTA LOCURA, mi pareja no puede venirse a este viaje así que la delegada de Galicia y yo cogemos el coche rumbo a Logroño. ¡Al rescate de Torito! VIGO - LOGROÑO. Torito vuelve de acogida a nuestra casa pese a las complicaciones que se nos presentaban con una boda a la vista. Bahía, una tripata muy tímida y negra se venía adoptada a Vigo. Phoenix, un abuelito negro con canas, devuelto a la asociación tras 10 años adoptado. Hoy estos dos están felizmente adoptados y eso me enorgullece de la inmesa labor que realiza la asociación y toda la gente que se implica en los detalles.

El verano transcurre con algún sobresalto, EROS aparece en escena... Otro abuelete negro con canas aparece en Tui (Pontevedra) abandonado, sin entrar en mucho detalle os diré que tuvo que pasar por una residencia y posteriormente a su casa de acogida en Santiago de Compostela, con Alberte y su galgo Willow.

Torito está con nostras hasta los días antes de la boda, la planificación nos impide seguir haciéndonos cargo de él. Preparativos, ceremonia, fiesta, viaje de luna de miel... Se va de acogida a otra casa durante unas semanas y un percance jugando hace que haya que darle puntos en un costado (nada grave, ¡eh!)... Como para ese momento ya estábamos preprando NUESTRA ÚLTIMA Y GRAN LOCURA, quisimos hacer la acogida hasta el viaje definitivo.

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EROS
En un principio nos ofrecemos para llevar a EROS a Madrid, así aprovecharíamos un fin de semana de tres días para visitar a unas amigas en la capital. Por desgracia la otra mitad de este viaje solidario, Madrid - Barcelona, no salía así que dijimos "¡Qué carajo! ¡A Barcelona que nos vamos!". Finalmente decidieron trasladar a Torito también y como era "nuestro Batman particular" no lo dudamos.

A unas horas de partir rumbo a Barcelona nos preguntan si podemos recoger a Tofu, un perrete de Logroño que había encontrado casa en Barcelona... como estamos así de locas, no lo dudamos. En un inicio quedaríamos en Zaragoza para la recogida pero optamos por parar en Logroño. Salimos de Vigo  las 6:00 con dos perretes y llegamos a Barcelona a las 18:45 con tres.

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TOFU
Estuvimos dudando hasta el último minuto si adoptar a Torito o no, pero por desgracia no podemos hacernos cargo de forma permanente de tres perros. Adoptar tiene que ser un acto responsable y meditado, no un impulso primario que te ciege por una belleza en forma de galgo... Esta decisión fue y es dura, pero pensamos que no sólo el dinero es lo importante... El hecho de hacernos cargo de un tercer perro nos limitaría y no podríamos asumir nuevas acogidas o nuevas aventuras locas de traer y llevar galgos de aquí para allá. Tener un perro, dos o tres, debe ser un placer... no una obligación monetaria ni un estrés... No sé si nos arrepentiremos de esta decisión pero por lo de pronto está tomada. 

Las despedidas son siempre muy tristes y sobre todo cuando hay una implicación emocional tan alta. Torito ha sido y siempre será nuestro payasete bicolor, nuestro gusanito, nuestro batman... Como es un feliz de la vida encontrará pronto un lugar donde deleitar con su encanto a una familia responsable. Cada vez que pensamos en que quizá no lo volvamos a ver se nos inundan los ojos de lágrimas, pero nos quedaremos con lo positivo. Galgos 112 es una asocación responsable que busca el bienestar de sus caras de lápiz y por lo que sé, Aitor está estupendamente ahora mismo. Eros está felizmente en acogida y Tofu ya tiene familia.

A estas alturas quizás os preguntéis "eh, oye... ¿qué pasa con Lucky y Koi? ¿Dónde se han quedado en este viaje vuestros perros?"... Pues les hemos pagado un hotel donde han estado tres días tan ricamente en Combarro, Pontevedra. Ayer les hemos ido a recoger y vinieron como si se hubiesen comido el viaje VIGO-BARCELONA andando... Es agotador hacer un viaje de tantas horas en poco más de 48h pero la satisfacción de saber que lo estás haciendo por estos ángeles es inmensa.

No quisiera despedirme sin antes pediros disculpas por toda esta parrafada y sin agradecer a todas y a cada una de esas personas que forman la familia Galgos 112, en especial a la delegación gallega. Gracias, de corazón.

venres, 14 de setembro de 2018

Galguitis Aguda, enfermedad acuciante


Definitivamente hemos perdido la cabeza. La Galguitis de la que os hablo en este blog es una enfermedad acuciante que nos ha afectado con unha fuerza imparable. Este fin de semana vamos a hacer una locura de viaje solidario... Sí, como lo leéis más de 10h de coche nos esperan con dos galgos que ni siquiera son nuestros, son candidatos a ser adoptados a través de la asociación de la que siempre hablo, Galgos 112.

Por temas que no vienen al caso y que es mejor no desvelar diremos que el primero de nuestros ángles a transportar se llama Sheldon, en lugar de su nombre real para la asociación. Es un galgo mayorcete con una cara muy guapa, es como ver a Koi dentro de unos seis años... Apareció en Galicia y ha estado hasta entonces en continua mejoría respecto a su estado inicial, hoy parece un perrete diferente y es todo un señor amoroso. Tiene sus manías, como cualquier ser vivo... pero se hace querer enseguida.

El segundo es un archiconocido del blog, Torito (Aitor de nombre oficial)... Mi vecino Totoro, un payasete bicolor. Es la tercera vez que lo tenemos en acogida y en verdad os digo que va a ser muy difícil despedirlo. Este perro es puro amor y diversión, la gente con la que ha convivido no ha sabido entenderlo. Hay quien piensa que este galgo necesita una finca enorme para desahogarse pero lo cierto es que no es así. Nosotras vivimos en un piso con Koi y Lucky (y obviamente ahora con Torito) y paseamos mañana, mediodía y tarde. Torito es muy tranquilo y espero que en el sitio a donde va sepan entenderle como nosotras...

No quería que esta entrada se centrara en lo que significa Torito para nosotras ni lo incomprendido que ha sido hasta el momento, pero nos ha tocado tanto la fibra que resulta imposible no ponerse sentimental al mencionarlo. La finalidad de esta entrada compartir con vosotr@s la locura transitoria en la que hemos entrado con nuestra enfermedad favorita y que da título a este blog.

En un fin de semana nos vamos a comer más de dosmil kilómetros por una buena causa, hacerle un favor a la asociación con el transporte solidario. La última vez que hice algo parecido me comí, junto con una responsable de zona, un viaje de Galicia a Logroño. En esta ocasión vamos más allá, ¡desde Galicia hasta Barcelona! Sí, estamos locas... pero esta locura se traduce en amor incondicional hacia estas majestuosas criaturas que son nuestros ángeles con cara de lápiz.

La semana que viene os haré un resumen de este viaje-locura, con fotitos si me lo permiten.

PD: Hoy escribo en castellano para que me entiendan las partes implicadas en este proceso que por suerte o desgracia no pertenecen a mi querida tierra gallega.